Esto es simplemente el relato del reciente viaje que hemos hecho por tierras de
Castilla y León entre el 30 de junio y 15 de julio de 2006. No pretende aspirar a premio
alguno de literatura ni nada que se le parezca, solo eso, una especie de diario
pormenorizado de todas las visitas realizadas, algunos consejos que espero sean de utilidad,
anécdotas y por supuesto, fotos. En cuanto a esto último, y antes de empezar con el diario, he
de contar mi decepción ante el error cometido, de auténtico principiante y del cual dejo
constancia como primer consejo. Por cierto, gracias a mi hermano Juan por aclarármelo.
Esto es lo que me ocurrió:
En los viajes, mi esposa Eva suele llevar la cámara de fotos y yo la cámara
de vídeo que también permite sacar fotos. El caso es que el filtro protector del
objetivo de la cámara de vídeo, me ha producido en la mayoría de las imágenes,
el llamado efecto del viñeteado, que consiste en el sombreado de las cuatro esquinas de las fotos. Con mucha
paciencia, buen software e imaginación, he intentado solventar este problema que espero
no se note mucho en las fotos sacadas por mi, pues las de Eva están perfectas. Todas las imágenes podrás verlas en mayor tamaño señalando con el ratón en
cada una de ellas.
Algunas de las imágenes han sido sacadas directamente de la filmación digital en DVD (704 x 576) y convertidas a formato JPG,
por lo cual, la calidad deja mucho que desear cuando la amplias. De cualquier
forma, su finalidad es meramente la de ilustrar el texto.
Debido a la extensión del texto y a la gran cantidad de imágenes y para que la
carga de la página no se demore demasiado, he considerado oportuno dividir el
texto en dos páginas, con una primera parte entre el 30 de Junio y el 7 de Julio
que se desarrolla en Palencia y Valladolid y una segunda parte entre el 8 y el
15 de julio en Soria.
Por último, solo decirte que para cualquier sugerencia o aclaración, no dudes en
escribirme.
En este viaje, nos hemos decidido a llevar a nuestro perro, Dexter, así que
como era de esperar, la cosa empieza con clavada de 40 € por llevar a un
animalito de 4 kilos que va dormido en una bolsa y que no molesta absolutamente
a nadie. Esto es lo que te cobran en Spanair, desconozco las tarifas de
otras compañías. Te permiten llevar, en cabina, una mascota de hasta 6 kilos,
pero te cobran lo mismo pese 1 kilo o pese 6. En fin, que nos sale más caro que el
pasaje de uno de nosotros. Se me olvidaba comentar la actitud prepotente
de uno de los guardas de seguridaddel aeropuerto de Los Rodeos
(Tenerife) que una vez pasados los controles de turno, nos ordenó meter a Dexter
dentro del transportín, orden que lógicamente ignoramos, pues que yo
sepa, solo es obligatorio dentro del avión. El perro ya había volado unas
cuantas veces con nosotros y nunca nos había ocurrido algo parecido.
El avión, un Airbus 320, llega a Barajas, con algo de retraso, sobre las 9 de la
noche. Me dirijo a la oficina de alquiler de coches de National-Atesa. En
la cola, detrás de mi, hay un tipo de lo más nervioso, con intenciones de avalanzarse hacía el mostrador a las primeras de cambio, y por delante, un matrimonio inglés con dos niños absolutamente mal
educados. La cosa se complica con los ingleses, así que cuando llega mi turno,
la persona que me atiende, está que echa humo, y se pone aun más
caliente cuando ve la ingente cantidad de talones Week-End Plan que la
chica de la agencia de Halcón Viajes en Tenerife había preparado; algo
que se podría haber reducido a diez talones como mucho, se convierte en setenta u
ochenta de todos los colores. Al final, todo estalla cuando el oficinista me dice que aparte de los
510 € que he pagado con los talones, tengo que abonar 58,58 € en concepto de
cargo de aeropuerto, según reza en la factura que puedes ver a la derecha. Recuerdo haber pagado alguna
vez, cuando todavía funcionábamos en pesetas, tres mil y pico, pero es que
estamos hablando de casi diez mil. Te puedes imaginar las discusiones, hoja de
reclamaciones que no tienen, la cola por detrás que aumenta cada vez más, etc.
Al final y a regañadientes, me llevo el coche... mañana será otro día.
Desde aquí, le doy un tirón de orejas a la chica de Halcón Viajes por
haber hecho el desglose absurdo de talones y por no informarme de la burrada
que me iban a cobrar en concepto de cargo de aeropuerto, que al día de
hoy desconozco si es correcto; espero averiguarlo lo antes posible. De cualquier
forma, como comprenderás, mi consejo es que evites alquilar el coche en el
aeropuerto, a no ser que te aseguren por activa y por pasiva que ya están
incluidos todos los cargos. El problema surge cuando llegas fuera del horario
normal de oficinas y tienes que salir de ruta por la noche, pues no te queda más
remedio que recogerlo en las oficinas del aeropuerto, que suelen estar abiertas
hasta las 12 de la noche. Sin embargo, en nuestro caso, podríamos habernos
ahorrado todo el embrollo, tomando el metro hacia Madrid, y recogiendo el coche a la
mañana siguiente en cualquiera de las oficinas de la ciudad.
Pasamos la noche del viernes en Madrid. El calor, a pesar de ser intenso, es soportable.
Siempre he preferido el calor o el frío seco y mesetario de Madrid a la humedad del mar,
aun habiendo nacido en tierra circundada por el reino de Poseidón; supongo que en esto
de las preferencias, algo tendrá que ver mi ascendencia maragata.
Como suele suceder, madrugo más que nadie, así que aprovecho para salir a dar un
largo paseo con el bueno de Dexter. Después del paseo y de desayunar, salimos de casa sobre
las diez de la mañana en dirección a Las Rozas para encontrarnos unos minutos
con mi hermano Juan. En la tienda de Pilar, creo que así se llama, compramos las famosas magdalenas caseras
que tanto le gustan a mi hermano y de las que daremos buena cuenta durante el camino.
Mientras esperamos a Juan, Dexter hace algunos amigos y también enemigos; gran problema
el de los perros que van con sus dueños pero sin estar atados, sobre todo porque
la mayoría de las veces los amos no son capaces de controlarlos.
Salimos de Las Rozas, tomamos la A6 en dirección a La Coruña, y al llegar a Guadarrama, en vez
de seguir por la autopista y túnel de peaje, nos vamos por el Alto de los Leones,
ruta mucho más bonita e interesante, hasta enlazar de nuevo con la A6 en Adanero,
ya en la provincia de Ávila. Curiosamente, a pesar de ser conocido por todo el
mundo como Alto de los Leones, realmente es el Alto del León, llamado
así por la estatua de un león hecha en piedra que hay en su cima, a 1.511 metros
de altura sobre el nivel del mar. Sin embargo, durante los años del franquismo,
se le llamó Alto de los Leones de Castilla o simplemente Alto de los Leones y
así ha trascendido hasta nuestros días, en homenaje a
las tropas del bloque nacional, por su actuación durante la tarde del 22 de julio de 1936. La
historia es más o menos como sigue:
El Alto del León es ocupado al amanecer del
día 22 de Julio por las tropas republicanas mandadas por el coronel Enrique
Castillo, sin encontrar ningún tipo de resistencia dada la ausencia total del enemigo. Al caer la tarde de ese mismo día, las tropas nacionales mandadas por el
capitán Enrique Guiloche, flanqueadas por la izquierda por una compañía del
regimiento de San Quintín y un grupo de falangistas mandados por José Antonio
Girón, y por la derecha dos compañías del mismo regimiento y otro grupo de
falangistas mandados por el capitán Ortiz, tras duros combates, hacen retroceder
a las tropas del coronel Castillo, conquistando y ocupando la explanada del
puerto.
Llegamos a Dueñas, sobre las 2 de la tarde. Encontramos
rápidamente la bonita casa rural que hemos alquilado;Las Calzadas. Sobre
la casa, esto es lo que he escrito recientemente en el foro de
Top Rural:
Efectivamente, una casa cautivadora. Confirmo punto por punto lo que dicen los
otros comentarios, para lo bueno y para lo menos bueno. Como todas las cosas de
la vida, tiene sus puntos débiles, pero quedan en un segundo plano debido al
encanto especial que tiene esta casa, así como sus dueños, María y Alberto, el
pueblo de Dueñas, el Monasterio de la Trapa, las bodegas, el lechazo asado, el
Canal de Castilla y tantas otras razones para volver, como así esperamos hacer
algún día. Por destacar algo de la casa, me quedo con el porche y ese
maravilloso jardín rústico, lleno de pájaros a todas horas y si tenéis perro,
como era nuestro caso, se lo pasará de miedo. También quería resaltar la
situación estratégica de la que goza, por su cercanía al pueblo, con todo a mano
para ir andando; autoservicios, panadería, comercios, bancos, farmacia, etc. Y
para acabar, una sugerencia: un par de bicicletas nos hubieran venido muy bien.
Después de situarnos, ver la casa, y todas esas cosas que uno suele hacer cuando
tomas posesión del castillo recién conquistado, nos vamos a comer, aconsejados
por María y Alberto, los dueños de la casa, al Mesón El Arriero,a
5 minutos andando. La comida, magnífica. Tomamos primero para picar un revuelto
de morcillas y piñones y de segundo lechazo asado, todo ello acompañado de buen
vino de Cigales. Nos sale la cuenta por 78 euros, pero la verdad es que
el cordero los valía y el local también, una umbría bodega con un frescor
natural de lo más reconfortante, presidida por un busto de Pepe Botella, que
según cuentan, parece ser que estuvo alojado en la conocida como "casa de
Napoleón", situada detrás de la Iglesia de Santa María y que puedes ver en
la foto. A propósito de esto,
bien vale la pena recordar algunos hechos históricos relacionados con Dueñas:
En el año 1078, Alfonso VI otorga el Fuero a Dueñas, lo que le da entidad y firmeza durante un siglo por depender directamente de la corona.
Por diversas circunstancias, amos y señores de Dueñas fueron Leonor de Inglaterra, Enrique de Trastámara y su amante Leonor
Álvarez, y también el Rey Juan II, que en el año 1439 la cede a la nobleza y la pone en manos de Don Pedro de Acuña.
Los Acuña, Condes de Buendía, tienen poder y por la posición que mantienen, logran
el 16-09-1468 en Guisando, que Enrique IV reconozca a su hermana Isabel como su única y legítima heredera, entre tanto, ya habían elegido como consorte a Fernando, Príncipe de Aragón, al que, con la aprobación de su padre Juan de Aragón, ayudan a trasladarse a Castilla disfrazado de arriero, entrando en Dueñas el 9 de Octubre de 1469, para casarse con Isabel el 19 del mismo mes y año en Valladolid.
Por circunstancias de la historia, en el palacio de los Buendía, Isabel da a luz a su primera hija, Isabel, que fue bautizada en la pila bautismal que aun se conserva en la iglesia de Santa María. Esta niña, hija de los Reyes Católicos, se convertiría posteriormente en la Reina de Portugal.
Pasa la historia y en el siglo XIX las tropas francesas se establecen en el Monasterio de San Isidro
(La Trapa) durante un largo periodo de tiempo, albergándose durante unos días José Bonaparte
(Pepe Botella), entonces Rey de España, en la casa que ya hemos citado. Si te interesa,
aquí tienes más
información.
Después de una siesta interminable, producto de la abundancia de comida y bebida
y del calor, nos vamos a comprar al supermercado, y más tarde, a disfrutar de la casa, del jardín, de la cancha de
baloncesto...
Hoy puede ser un gran día, así que nos levantamos tempranito, a las ocho, con
intenciones de ir a La Trapa, a la misa de 11. La Abadía Cisterciense de
San Isidoro, se encuentra muy cerca de Dueñas. Hay que tomar la N-620 en
dirección a Palencia y a unos 2 kilómetros, el desvío a Venta de Baños. Una vez
metidos en el desvío, si cogemos a la izquierda y cruzamos el puente sobre la
autopista, podremos ir a la fábrica de chocolates que tiene un kiosco para
degustación y compra. Si cogemos a la derecha, sin cruzar el puente, veremos un
cartel, no muy claro, que nos indica el camino a La Trapa; ojo no nos
vayamos a ir hacía Venta de Baños. La misa es verdaderamente
espectacular, aunque yo eché en falta un poco más de latín, por recordar viejos
tiempos. Aproximadamente una hora y cuarto de ceremonia, en la
cual no faltaron, entre otros ingredientes, inciensos de todos los aromas, la
bendición a cada uno de los asistentes con rama de olivo y agua bendita, la comunión con
obleas mojadas en vino y preciosos cánticos, algunos gregorianos, con
acompañamiento de órgano. Lo que más impresión me causó, fue el sumo respeto y
misticismo que imperaba entre los monjes y todos los asistentes y del cual
también nos contagiamos milagrosamente. Pero, sepamos algo más del monasterio y sus moradores:
Los orígenes del monasterio se remontan, según el sentir general de los historiadores, al siglo VII, dentro del monacato hispano-visigótico. No obstante, los datos documentales acerca de su existencia, sólo alcanzan en la actualidad hasta los comienzos del siglo X cuando, tras la invasión árabe, vuelve San Isidoro a ser repoblado por monjes benedictinos, que fueron sus moradores ininterrumpidos hasta la expulsión impuesta por la Desamortización de Mendizábal en 1835. En 1891, se reanuda la vida monástica, esta vez por los monjes cistercienses de la Estrecha Observancia (O.C.S.O.), conocidos a menudo como Trapenses, procedentes de la Abadía de Santa María del Desierto (Francia), dando nacimiento a la comunidad actual de San Isidoro, como se suele conocer habitualmente el monasterio.
El edificio monástico actual es testimonio de la larga historia de la abadía y de sus diversos períodos. La iglesia del monasterio es lo más antiguo de sus edificaciones. Su construcción original se remonta al siglo XI o comienzos del XII. Valiosas muestras de esta época son la portada de acceso, sus ábsides y la torre-cimborrio que la corona. Tras repetidos incendios y avatares a lo largo de su historia, el interior actual del templo corresponde a la última restauración de 1926, tratando de conservar su primitiva fisonomía en cuanto lo permitió su entonces precario estado de conservación.
El monasterio, por su parte, corresponde en su construcción actual al siglo XVII, como sustitución del edificio precedente, desaparecido con ocasión de uno de los incendios sufridos por la abadía. Se encuadra plenamente en el estilo herreriano, propio de la época. El interior que hoy contemplamos es también fruto de la restauración y adaptación de la actual comunidad cisterciense, resultando claramente apreciables en él las notas de sobriedad y sencillez que caracterizan su específico estilo de vida monástica.
Como dije, los domingos, la misa es a las 11, y de diario, al menos en verano, a las 7
de la mañana. También es aconsejable asistir al Oficio de Completas y canto de la
Salve Regina,
todos los días de verano a las 20.45. En este
enlace,
del cual he tomado parte de la reseña histórica, puedes saber
más sobre el monasterio y en este otro sobre la
fábrica de chocolates.
Al mediodía, nos vamos a comer al Hostal El Zamorano, que está a la entrada de Dueñas,
según vienes de
Valladolid. Es el típico bar de camioneros de toda la vida, que casi
nunca suele fallar. El menú especial del domingo cuesta 12 euros, y está pero
que muy bien. De primero comemos unos guisantes con lechal, de segundo un
bacalao con pimientos ajo y cebolla, exquisito, y de postre,
profiteroles y hojaldre. En la foto puedes ver la buena pinta que tenía el
bacalao. Otro día, pero de diario, repetimos la experiencia, no con tan buena
nota, por ser platos mas rutinarios, pero bien después de todo. Ah, se me
olvidaba hacer mención del buen servicio de mesa. Como a la entrada del bar, a
la izquierda, tienen una vitrina con una buena colección de navajas para vender, aprovecho
para comprar una preciosa "made in Albacete" por 7,50€ , pues había olvidado en
Madrid, mi querida y útil navaja de Taramundi. Me resulta imprescindible este
instrumento, que siempre te saca de cualquier apuro a la hora de cortar queso,
chorizo, pan, fruta o lo que se tercie.
Después de comer y estar un rato en la casa, nos vamos de ruta, en coche, por sitios más
o menos cercanos. Desde Dueñas tomamos la P-903, con dirección a Ampudia. La
carretera, pocos kilómetros después, pasa por el monte de Dueñas, que al día siguiente
recorreremos caminando. Más adelante, a unos 20 kilómetros de Dueñas y a 3 de
Ampudia, llegamos al Santuario de Nuestra Señora de Alconada o Arconada, regentado por religiosas cistercienses
y
que rodeado por una
pradera con fuentes y árboles, es un lugar delicioso para el descanso y el
silencio, y también con una bonita historia:
Según una antigua tradición, esta imagen fue venerada en Ecija hasta la dominación de los moros con el nombre de Nuestra Señora de los Remedios. En el 714, por no dejarla expuesta al dominio de los moros, los Capitanes Rogelio y Fadrique la cogieron y caminaron con ella hasta Arconada, junto a Carrión de los Condes donde en una capilla subterránea estuvo escondida hasta 1113, en que un labrador habiendo observado un gran resplandor, se acercó, vio a la Virgen, y el pueblo, en procesión solemne la llevó a la Iglesia y fue colocada en el altar mayor con el nombre de Nuestra Señora del Socorro.
Allí permaneció hasta el año 1219, que con motivo de exigir el Conde de Carrión D. Juan a los vasallos de Arconada contribuciones especiales y no pudiendo pagarlas, se refugiaron en la Iglesia. Habiendo puesto fuego, el Conde, a las puertas de la Iglesia, se salió Nuestra Señora por una ventana que miraba al oriente, a la vista de todos los que se hallaban en la Iglesia y como invitándoles a que hiciesen lo mismo.
A los tres días se apareció a un pastor llamado Marcos, en el Valle de las Fuentes del término de Ampudia a quien habló de esta manera: "Marcos, vuelve a la Villa, que el ganado que apacientas yo le cuidaré; di a los Eclesiásticos y Seglares que la habitan, cómo aquí he llegado, y que vengan por mi a este sitio donde me ves, que aquí quiero ser venerada y servida de los fieles".
Al pobre Marcos no le hicieron caso, por lo cual tuvo que volver una segunda vez, y ante el asombro de todos,
él, ciego de un ojo, se presentó con la vista completa, razón más que suficiente para ser creído. Fue llevada solemnemente a la Parroquia hasta que se terminó de hacer el Santuario.
Noticioso de todo el Conde Don Juan, solicitó de los de Ampudia que le diesen la Sagrada Imagen y al negarse, les puso pleito ante el Señor Obispo de Palencia, que seguidos los trámites judiciales, sentencian que la Virgen sea restituida a Arconada. Dispuso el Conde una magnífica carroza tirada por tres pares de bueyes que reventaron al no poder mover la carroza con la Virgen. Esto ocurrió varias veces, lo cual fue interpretado como que la Virgen quería quedarse en Ampudia. Así se revocó en el cielo, la sentencia que se había dado en la tierra.
Hasta no hace muchos años, la capilla de la izquierda del Santuario, estuvo reservada en
el día de la Fiesta para todos aquellos que de Arconada quisieran asistir.
Seguimos camino hacía la villa de Ampudia, declarada Conjunto
Histórico-Artístico en 1965. Desgraciadamente, solo podemos ver el exterior del
magnífico castillo del siglo XV, en muy buen estado de conservación y
actualmente propiedad de la familia Fontaneda, ya que solo se puede
visitar los sábados por la mañana. Los alrededores del castillo están llenos
de bodegas, al igual que en Dueñas, con las chimeneas-respiraderos asomando por
entre la hierba de la colina, como puedes ver en la foto. Vemos, solo por fuera, la
Colegiata
de San Miguel Arcángel, pues es domingo y ya se sabe que los domingos por la
tarde y los lunes cierran casi
todo lo que suene a museo o monumento. Iniciada a finales del siglo XIII y acabada en el XVII,
aunque no tiene un estilo concreto se la clasifica como gótico-renacentista.
Consta de tres naves ojivales y se adorna con bóvedas de crucería y estrelladas.
También me quedo con las ganas de ver y escuchar el maravilloso órgano barroco
que parece ser alberga en su interior. La torre, de 62 metros de altura,
recuerda vagamente a la de la Catedral de Toledo, y es sin duda el emblema de
Ampudia, o al menos eso es lo que me parece. Y por último, destacar esas
preciosas calles porticadas, que tanto suelen abundar por estas tierras. En la
Galería de Imágenes puedes
ver más fotos de esta bella localidad.
A 5 kilómetros de Ampudia, por la P-921, llegamos a Torremormojón. El castillo,
cuyo origen es del siglo X, se encuentra emplazado en un elevado cerro, en las estribaciones de los montes Torozos,
desde el que se divisa un amplio panorama de la Tierra de Campos,
lo que le permite estar comunicado visualmente con los castillos de Ampudia
y Belmonte de Campos, en Palencia, y Montealegre, en Valladolid. En el casco
urbano destaca la iglesia parroquial de Santa María del Castillo con su
monumental torre románica de seis cuerpos, del siglo XI-XII. La construcción del
resto del templo es del siglo XVI. También se
pueden contemplar un conjunto de palomares en las proximidades del
pueblo. Señalando con el ratón en la imagen del mapa, podrás ver el itinerario
que hicimos en la tarde de este día.
Tomamos la CL-612, y a 12 kilómetros, pasado Villerías, cambiamos, ya en la
provincia de Valladolid, a la VA-912, para llegar a Montealegre. Hacemos
un pequeño alto para ver, por fuera, el castillo, del siglo XIII-XIV. A
continuación tomamos la VA-912 hacía Valladolid, y a 9 kilómetros tenemos
Villalba de los Alcores. Aparcamos al lado de la iglesia de Santiago, de la
época de transición del Románico al Gótico, finales del siglo XII y principios
del XIII. En el siglo XVI, con arreglo a trazas renacentistas, se levanta sobre
la antigua torre la actual que puedes ver en la foto. La Cerca del atrio
se construye en los primeros años del siglo XVII, y en los últimos años de XVIII
se realizan el Pórtico y la Sacristía nueva, obras que siguen un estilo
Neoclásico. Brevemente, pues hay misa, visitamos el interior. Parece ser que a
continuación hay procesión, pero dado lo tarde que es, preferimos seguir nuestro
camino.
Muy cerca de Villalba en dirección norte, por una carretera que enlaza con la
VA-943, se encuentra el Centro de Interpretación de la Naturaleza de
Matallana. Este centro brinda una oportunidad única para ahondar en los
secretos de la naturaleza, al tiempo que permite descubrir los restos del
importante monasterio cisterciense de Santa María de Matallana; algo podemos ver
en la foto de la izquierda.
Desgraciadamente, son casi las 8 de la tarde, hora del cierre, así que tenemos
que conformarnos con ver el exterior y sin las explicaciones del guía pertinente.
Creo que debe valer la pena una visita más pausada; otro vez será. Entre otras
cosas, hay una sala de exposiciones con muestras permanentes y temporales;
un jardín botánico, que mantiene la tradición desarrollada por los monjes; una
zona con restos arqueológicos pertenecientes al complejo monacal; un palomar
acondicionado para su visita y un recinto temático en el que se exhiben más de
20 razas de ovejas de todo el mundo. Nos faltó por ver esto último, así
como la sala de exposiciones. El acceso es libre, previa solicitud para grupos.
El horario para grupos es, de lunes a domingos, de 10:00 horas a 14:00 horas. El
horario para visita individual es sábados y domingos de 10:00 horas a 14:00
horas y de 17:00 horas a 20:00 horas. La entrada es gratuita. Más información en
el teléfono 983-427-100 y en la Web oficial.
Por hoy, ya está bien de ruta, así que tomamos la VA-943 / P-943 en dirección a
Ampudia y de vuelta a Dueñas. Pero como todavía parece que nos quedan ganas,
damos una vuelta por el pueblo, aprovechando la caída del sol. Es una lástima
que no esté mejor conservado y con más uniformidad urbanística. Habría que
destacar, por encima de todo, la iglesia de Santa María de la Asunción. Este
templo del siglo XIII, pertenece al románico tardío, con planta de tres naves y
ábside semicircular con ventanas cegadas detrás del retablo. Las naves laterales
son de traza gótica, con crucería sencilla apuntada. El Retablo del Altar Mayor
es un auténtico tesoro de 1515, tallado por los maestros Antonio y Alonso de
Ampudia. En su interior se aloja el Museo Parroquial donde se guardan algunos de
los tesoros del templo como un bellísimo Ecce Homo de Diego de Siloé, de 1525.
Al lado de la Plaza de España, se encuentra la iglesia de San Agustín,
actualmente en restauración. Su origen es del siglo XIII pero el edificio actual
obedece a una reforma de principios del siglo XVII. Tiene una impresionante nave
central y cúpula sobre columnas toscanas. El resto de la edificación pertenece
al Convento, hoy transformado en Casa de Cultura Ana García. En ella está la
Biblioteca y un importantísimo Archivo Histórico con documentos desde el siglo
XIII. A falta de Web oficial del ayuntamiento,
aquí tienes
mucha información sobre Dueñas; lástima que no esté actualizada. La verdad es
que ha sido un día muy largo pero reconfortante; mañana espera caminata...
Amanece en Dueñas. Como de costumbre, me levanto casi al tiempo que los pájaros y
aprovecho para regar con el frescor de la mañana. Voy a comprar pan y
magdalenas a la panadería Oviedo, muy cerca de la casa. Preparamos comida y
bebida para la caminata de hoy, por el monte de Dueñas. El día es más que
caluroso y aunque la intención es salir temprano para evitar las horas más
fuertes del sol, al final lo hacemos sobre las 10 de la mañana. Salimos
en el coche por
la P-903 en dirección a Ampudia, por la misma carretera de ayer por la tarde, y
a unos 4 kilómetros de Dueñas, a nuestra izquierda, las antenas repetidoras nos
advierten del desvío hacia la zona recreativa de Navalcó. Nuestra idea es hacer
una de las rutas de los chozos, la más larga, la del chozo de Mundín.
Después de un par de kilómetros o quizás algo más, de pista forestal, llegamos a
una pradera donde hay un campo de fútbol, barbacoas, mesas, etc. Pero ojo, que
no hay fuentes, ni en el área recreativa ni en la ruta que nosotros
hicimos, así que procura ir bien provisto de agua o vino para los más marchosos. En la pradera
hay un mapa con las distintas rutas e información.
La que hemos escogido, según el mapa, tiene unos 6 kilómetros y 2 horas de
recorrido, pero pienso que quizás sea algo más y que pueda haber algún error en
la longitud del último tramo. Según el mapa, este último trozo de camino, desde que
cruzas la pista forestal hasta que llegas de nuevo a la pradera y zona
recreativa, serían unos 2,5 kilómetros, pero a mi me resultaron interminables y
además no muy bien señalizado. Ojo, que me refiero exclusivamente al último
tramo, el resto no tiene pérdida.
El camino discurre por monte bajo, robles y muchas encinas, algún que otro
conejo y miles de mariposas con las que el viejo Dexter se entretiene. Como
dije, se echa de menos la presencia del agua fresca de alguna fuente, pues la
única que hay en la ruta que hemos tomado, ya nos advierte un cartel de que está
seca. A mitad de camino, más o menos, llegamos al chozo de Mundín, que
puedes ver en la foto de la izquierda. Estos chozos, rodeados de
corrales, al ser de propiedad comunal, eran levantados por la paciencia de los
propios pastores en un proceso minucioso guiado por la sabiduría popular. Cada
hilera sucesiva de piedras se adentra un poco hasta dejar arriba la esfera que
se cubre con una bóveda falsa sujeta por la presión de su propio peso y con
tierra prensada. Recientemente, un campo de trabajo internacional los recuperó durante cuatro
veranos. Los pastores jubilados, que conocían el secreto de estas
construcciones, marcaron la pauta a los jóvenes voluntarios. En esta
página,
de la cual he tomado algunos datos, tienes más información.
Una vez llegados al
área recreativa, lo cual celebramos con gran alegría dada la angustia que nos había
entrado en el último tramo al pensar por momentos que nos habíamos perdido, nos
buscamos mesa y bancos con una buena sombra donde tomarnos los bocadillos y
hasta la última gota de agua.
Volvemos a la casa para reponer las provisiones de agua y coger unos mapas con
el fin de hacer una nueva ruta vespertina de índole cultural. Al final, entre el
cansancio acumulado y el calor, acortamos el recorrido, visitando solo dos
de los pueblos que en un principio teníamos previstos y dejando Frómista y demás
pueblos del Camino de Santiago para la jornada siguiente.
En primer lugar,
visitamos Astudillo, precioso pueblo a unos 30 kilómetros al norte de
Palencia capital. Desgraciadamente, no vemos todo
lo que deberíamos haber visto; buena disculpa para volver otro año. El entramado
de sus calles obedece a una concepción medieval que se ha visto respetada por el
transcurso de los tiempos. Bonita plaza mayor, con calles porticadas en los
aledaños. Vemos la iglesia gótica de San Pedro del siglo XVI (imagen a la
derecha del
texto), con un retablo mayor de la misma época y varias pinturas góticas, la de
Santa Eugenia,
también del mismo siglo, fue ayuntamiento hasta la Edad moderna, y hoy
es museo parroquial que destaca por un retablo hispano flamenco gótico, tallas
romanistas y barrocas, casullas, y orfebrería litúrgica de los s. XIII a XVII, y
que para mi gusto es la más carismática (puedes verla junto
con otras imágenes de Astudillo, en la Galería de Imágenes), así como la iglesia gótica de
Santa María, del siglo XV,
que guarda el sepulcro de don Fernán Alonso de Astudillo y un retablo mayor del
siglo XVI. En esta iglesia estuvo el sepulcro de doña María de Padilla cuyos
restos se trasladaron a Sevilla en el siglo XVIII. Eso si, solo vemos el
exterior de todos estos monumentos, pues al ser lunes, no hay visitas.
Para terminar la visita, echamos un vistazo al convento e iglesia de Santa Clara, del siglo XIV, que
destaca por sus paramentos y cubiertas mudéjares, algunas ya existentes cuando
fue palacio del rey Pedro I y de María de Padilla, fundadora de la congregación.
Como dije, nos quedaron por ver algunas cosas, como el Castillo de la Mota (ojo,
no confundir con el más famoso de Medina del Campo, Valladolid), que fue
construido en la segunda mitad del siglo XV, sobre una fortificación del siglo
XI, y por último, lo que me ha producido más curiosidad y que se encuentra en
las entrañas, un secreto conocido por todos los habitantes del pueblo que se han aprestado
a la conservación de un verdadero tesoro patrimonial. Este secreto lo constituye
el entramado de bodegas o pasadizos medievales que minan una gran parte de las
casas astudillanas. La titularidad privada de estos pasadizos y la
ubicación dentro de las propias casas dificultan la visita generalizada, aunque
parece ser que puede contemplarse alguna muestra interesante en la calle Subida
a las Bodegas (Peña Manguis y otras bodegas particulares). Espero volver algún
día para verlo con mis propios ojos.
A unos 4 kilómetros de Astudillo, en dirección a Frómista por la P-431, se encuentra
otro pueblo interesante: Santoyo. Solo por ver la magnífica iglesia parroquial de
San Juan Bautista, bien vale la pena visitarlo. Al igual que en
Astudillo, al ser lunes, nos perdimos el interior, así que otra razón para
volver. La torre y ventanas son románicas del siglo XII y en el siglo XV
fue reformada por Juan de Arce que construyó tramos góticos hasta la cabecera.
En especial llama la atención el crucero cuyas dimensiones y
altura dan al templo aspecto de catedral. La capilla mayor corresponde a la
altura de las tres naves que configuran el recinto eclesiástico, con tres arcos
peraltados que se reúnen en el centro de la bóveda mediante una estrella. El
pórtico de entrada a la iglesia es plateresco y está muy deteriorado por la
calidad de la piedra. El magnífico retablo mayor del siglo XVI es obra de Juan
de Juni. Posee un órgano, barroco, actualmente restaurado y en ella se ofrecen
frecuentes conciertos; también me quedé con las ganas.
Como dije al principio del capítulo, decidimos acortar la ruta y regresar a Dueñas,
que ya está bien por hoy.
Sobre las 11 de la mañana salimos hacia Palencia y después, por la nueva autovía
llegamos a Frómista, algo menos de 50 kilómetros desde Dueñas. Su nombre
deriva del latín frumentum, trigo, indicando con ello que es buena zona
cerealística, lo que ha sido base de su economía. Se nota la
enorme influencia del Camino de Santiago, como agente revitalizador, en todos
los pueblos por donde pasa, y Frómista es un claro ejemplo de ello. Y además, en
este caso, coincide ser cruce con la carretera que une Palencia y Santander.
Precisamente, en esta carretera, a su paso por el pueblo, aparcamos el coche
debajo de una sombra, justo enfrente de San Pedro (imagen de la
izquierda), iglesia gótica que se
comenzó a construir en el siglo XV y que hasta el siglo siguiente no recibe su forma definitiva. Posee una torre de cuatro cuerpos, de aspecto
rotundo y macizo. Uno de los elementos más interesantes del exterior es la
portada renacentista, trazada por Juan de Escalante hacia 1560. Como elemento a
destacar en el interior,
presidiendo el presbiterio, se alza el retablo mayor, diseñado por Francisco
Trejo en 1636, y que hoy sí que podemos ver.
A un par de minutos andando, cerca
del cruce con el Camino de Santiago, llegamos a la plaza de San Martín,
donde tenemos la famosísima iglesia románica del mismo nombre y que parece
sacada de un libro de cuentos, o como apunta mi esposa, Eva, de aquellos
recortables con los que tanto disfrutábamos cuando éramos niños.
Erigida en 1.066, es un templo de tres naves paralelas, más alta y doble
la central que el resto, cortadas por otra de crucero, sobre la que
surge una linterna octogonal del siglo XV, bien integrada con la construcción primitiva.
Posteriormente, fue restaurada entre 1896 y 1904, conservando su estructura
original. En el interior podemos ver una maqueta que reproduce a la perfección
el aberrante estado en que se encontraba antes de la restauración, aunque para
algunos, ha sido peor el remedio que la enfermedad. En fin, ya se sabe, aquello
de los colores y los gustos. A mi, personalmente, a pesar de todo, me parece una
auténtica maravilla. En el interior, en el gran ábside central, hay tres bonitas
esculturas, entre las que destaca, para mi gusto, un Cristo crucificado de fines
del siglo XIII. Si quieres ampliar conocimientos sobre esta iglesia o sobre Frómista en general, te aconsejo le eches un vistazo a la Web del
ayuntamiento,
y sobre la iglesia en particular, esta
otra.
Muy cerca de la iglesia de San Martín, me quedé sorprendido, quizás porque uno ya pasó
de los 50, con la bella estética, al menos en su exterior, de una residencia de la tercera edad
que creo recordar se llamaba Villa del Milagro (imagen de la izquierda). Con este nombre, también
es conocida la villa de Frómista, debido a una leyenda que paso a citar a
continuación:
Corría el año 1453, cuando un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero prestado a un judío llamado Matudiel Salomón. Vencido el plazo, no devolvió el préstamo, y el judío le denunció a la autoridad eclesiástica, que le excomulgó. El hombre, como se vio excomulgado, pagó los dineros al judío, pero no se preocupó de confesarse y aclarar su falta. Cayó Pedro Fernández gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja, quien acudió a administrarle los últimos sacramentos.
Cuando el párroco quiso darle la Forma, ésta se hallaba adherida a la patena con tal fuerza que no pudo separarla. Perplejo, el sacerdote preguntó al enfermo si había ocultado algún pecado o si acaso estaba excomulgado. Acordóse Pedro de lo sucedido con Matudiel y se lo explicó al sacerdote, quien le absolvió y le dio a comulgar otra Forma. Después, Pérez de la Monja tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en San Martín.
En la casa en la que acaeció el suceso, cercana a la iglesia de San Martín, se guarda la estola del sacerdote, ya deshilachada, y a la puerta aún se puede ver la llamada "piedra del milagro".
En la misma plaza de San Martín, enfrente de la iglesia, tenemos la Venta
Boffard, con un curioso museo del queso en su interior. Pero más que
con el museo, nos quedamos gratamente impresionados con la exposición de pintura
que en el interior están montando diversas personas, entre las que se encuentra
la artista, Blanca Martínez, a la cual felicito in situ por sus bellas
acuarelas. A posteriori, la pintora me comenta, que las otras personas eran su
marido e hijos. En las imágenes a ambos lados de este párrafo, puedes ver el programa de la exposición,
de cuyo reverso he tomado estos bonitos versos escritos por ella misma:
Crear en un momento
lo que el alma siente.
Aprovechar el instante:
los colores pasan.
Cazar, furtivos, la vida,
en el papel.
Hay más cosas que ver en Frómista, como la Iglesia de Santa María del Castillo
de estilo gótico-renacentista, la Ermita del Otero de una sola nave de trazado
gótico, reformada en el siglo XVIII o el museo histórico-etnográfíco situado
junto a la Iglesia de San Pedro, pero preferimos dejarlo para mejor ocasión.
Siguiendo el Camino de Santiago durante 13 kilómetros, por la P-980, en
dirección oeste, llegamos a Villalcázar de Sirga. Aquí paramos para ver
la majestuosa Iglesia de Santa María la Blanca (imagen al principio del
párrafo), sin duda, uno de
los templos más interesantes del arte gótico en España. El edificio que se
erigió entre los siglos XIII y XIV, se trata de una gran construcción realizada
en piedra y cubierta con bóvedas de crucería en su totalidad. Consta de tres
naves de cuatro tramos, gran transepto marcado en planta, y cabecera de cinco
ábsides: de testero recto e igual profundidad los tres centrales, y poligonales
y algo más pequeños los extremos. Son muchas las obras de arte atesoradas en su
interior, pero sobre todas ellas destacan por su incalculable valor el gran
retablo hispanoflamenco del siglo XV, situado en la capilla mayor, y los
magníficos ejemplos escultóricos policromados del siglo XIII: los sepulcros del
infante don Felipe y de su mujer doña Leonor de Castro y la imagen de la Virgen
Blanca, a la que canta el rey Alfonso X el Sabio en sus Cantigas. Para terminar,
solo comentar, que la especie de plataforma con barandilla alrededor, sobre la
que se encuentra ubicada, no la favorece en absoluto.
De nuevo tomamos la P-980 hacia el oeste y a 7 kilómetros nos encontramos con
la ciudad monumental de Carrión de los Condes. Andamos un poco
despistados, cruzamos el río Carrión sin darnos cuenta y nos encontramos
con el Monasterio de San Zoilo,
del cual, al estar con obras de restauración, solo podemos ver el exterior.
Aunque no es posible precisar con exactitud cuándo se fundó este monasterio
benedictino, es posible que ya existiera en el siglo X. Sin embargo, es en la
segunda mitad del siglo XI cuando se consolida como una de las más importantes
instituciones monásticas de la llamada Tierra de Campos. Para conocer más sobre
este monumento y Carrión de los Condes en general, te aconsejo esta magnífica
Web.
Como el hambre aprieta y además amenaza tormenta, buscamos dónde comer; el gran
caballo de batalla de todos los viajes. Suelo fiarme bastante de una
guía, que aunque es del año 2001, casi siempre me da buenos resultados, y que,
desgraciadamente, al haberla dejado en Madrid y no tenerla a mano, me es
imposible citar el nombre. La filosofía que tiene es la de recomendar,
principalmente, restaurantes con menús de menos de 12 € (precios de 2001).
Nos decidimos por el Restaurante Abel, muy céntrico, en la calle Esteban
Collantes 15. El menú cuesta 9 € y salimos de allí más que satisfechos. En mi caso,
elijo unas magníficas alubias blancas de primero, trucha escabechada
de segundo y cuajada de postre. Una vez termina de llover, nos
decidimos a visitar algunos de los monumentos, aunque, como no, debido a la hora,
los encontramos cerrados. Por la misma calle del restaurante, enfrente de la
Plaza Mayor, nos encontramos con la iglesia románica de
Santiago y sus excelentes esculturas de la fachada del siglo XII, entre las
que destaca el famoso Pantocrátor que puedes ver en la imagen al
principio de este párrafo. Te remito a la Web citada anteriormente para más
información.
Bajando por la misma calle, pasada la Plaza Mayor, a la derecha, nos encontramos
con una lápida conmemorativa (imagen de la izquierda) adosada a la casa donde
nació el 19 de agosto de 1398, Don Iñigo López de Mendoza, Marques de
Santillana. La visión de esta lápida me retrotrae inmediatamente a mis 14
años, cuando en 4º de bachiller, estudiábamos con mucho fervor, yo al menos,
aquella famosa Historia de la Literatura Española de José García López ¿Quién no
recuerda aquella serranilla que así comenzaba?
Moça tan fermosa
non ví en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.
Faziendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vençido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do ví la vaquera
de la Finojosa.
...
Seguimos bajando por la misma calle, que es por donde discurre el Camino de
Santiago a su paso por Carrión, y a la izquierda nos encontramos con
unos bonitos jardines y con la iglesia románica de Santa María del Camino
o de la Victoria, que puedes ver en la imagen de la derecha. Constituye el
establecimiento religioso más antiguo de esta población. La iglesia actual se
construyó a mediados del siglo XII, si bien hacia 1200 se amplió su zona
oriental. La portada románica se encuentra decorada con un friso que
representa la Adoración de los Magos y otros relieves en los que se ha querido
ver una alusión a la leyenda del tributo de las cien doncellas, cien damas que
el pueblo había prometido carnalmente a los musulmanes y que se salvaron de la
afrenta gracias a un milagro y a la ayuda del Marqués de Santillana, según
cuenta la leyenda. También tiene una curiosa representación de los signos del
zodiaco; sin duda, un lugar idóneo para la localización de historias
fantásticas.
Por último, ya en el coche y antes de despedirnos de Carrión, echamos un vistazo rápido al
Real Monasterio de Santa Clara. Edificio mudéjar de los siglos XIII y XIV
al que se le fueron añadiendo nuevas construcciones hasta el siglo XVII, cuando
el monasterio conoció gran esplendor, guarda en su interior dos soberbias
esculturas de Gregorio Hernández. Hay mucho más que ver en esta, como dije al
principio, monumental ciudad, pero el calor y el cansancio apremian. Creo que
bien merecería la pena una visita más detenida de un par de días completos.
Antes de dejar Carrión de los Condes, me gustaría dejar constancia de la procedencia
de su nombre. En cuanto al nombre de Carrión, veamos lo que dice el Doctor en Filología
Hispánica
D.Jairo J. García Sánchez:
Ante la duda de cuál fue anterior, si el nombre del río o el de la población, y
cuál de los dos, por tanto, cedió su denominación al otro, nos decantamos por la
mayor antigüedad y la preeminencia del nombre del pueblo, dado que
Carrión parece ser antes un orónimo que un hidrónimo —se aprecia bien en
él la raíz preindoeuropea kar(r)- ‘piedra’—. Como es obvio, el
complemento toponímico es un añadido moderno, muy posterior.
En cuanto a la segunda parte del nombre, en la Web del
Ayuntamiento podemos leer lo siguiente:
... La villa carrionesa, tras los Gómez, estuvo siempre bajo la Corona Real, salvo efímeramente en el reinado de Enrique II. La búsqueda de los carrioneses por mantenerla en el realengo, llevó al concejo a pactar desde 1462 una hermandad con los condes de Castañeda, Osorno y Treviño, en evitación de la pretendida señorialización del conde de Benavente. La renovación de este acuerdo conducirá a que la localidad acabe conociéndose como Carrión de los Condes, nombre completo de nuestro núcleo que aparece por primera vez en el testamento de aldonza Manrique de 1522 ...
Nuestra próxima etapa será Saldaña, 21 kilómetros al noroeste por la CL-615.
Aparte del pueblo con sus ruinas del castillo de Doña Urraca del siglo XII,
la plaza medieval empedrada y las casonas solariegas, sobre todo tenemos interés
en visitar la cercana
villaromana de
La Olmeda. Lo que no tenemos en cuenta es que el primer martes de cada mes hay
una feria de ganado y justo llegamos cuando están recogiendo y limpiando, con
todo el centro del pueblo patas arriba, así que lo único que podemos hacer en Saldaña
es llenar las botellas de agua fresca; vaya obsesión con el agua. Para rematar
la faena y nunca mejor empleado el término, resulta que en La Olmeda están haciendo
los consabidos trabajos de restauración, así que otro sitio interesante que nos quedamos sin ver.
Ya de vuelta en Dueñas, sobre las 7 de la tarde nos vienen a buscar los dueños
de la casa, María y Alberto, para ir a conocer la zona de las bodegas en la parte alta del
pueblo y más específicamente las Bodegas Salas, donde te puedes llevar tu
propia comida y al fresquito de la cueva, acompañarla con un porrón de buen
vino joven de Cigales, a 0,95€ el litro; en la imagen de la izquierda se
pueden apreciar las chimeneas-respiraderos de las bodegas. Allí pasamos un buen rato,
entre chorizos, queso de oveja, pan de hogaza, vino, buena conversación y mi
navaja de Albacete que prestó su primer servicio. Después hacemos una visita al
interior de las bodegas, donde se conserva un antiguo lagar con el madero más
enorme que he visto en mi vida, nos llevamos un par de botellas de vino y
volvemos a la casa, dando un agradable paseo, esta vez cuesta abajo. Antes de
terminar, quería hacer un comentario sobre las horrorosas farolas con forma de
caja de cerillas, que por recomendación, según parece, de un arquitecto
hijo predilecto de Dueñas, se han colocado en gran parte de las calles del
pueblo. Lástima no haber sacado foto alguna para dar fe de tal desaguisado.
Desde hacía varias semanas, habíamos quedado con el primo Luis y su esposa María
en hacerles una visita e intentar ver lo más posible de esta bonita ciudad.
Valladolid está muy cerca de Dueñas, unos 28 kilómetros por la A-62, salida 118,
si mal no recuerdo, de la autovía. María ya me había dado las indicaciones
pertinentes y no tenemos problema alguno para llegar y dejar el coche en el
aparcamiento (muy aconsejable) gratis del recinto ferialde
Castilla y León. Ojo, gratis, siempre que vayan dos o más personas en el
coche. Según vienes de Dueñas, ves un rascacielos a tu izquierda, el único de la ciudad, sigues recto
y poco después, a tu derecha, hay una gran escultura, creo que
cubista, y enseguida tienes las indicaciones para el recinto ferial. No tiene
pérdida. El aparcamiento está muy
cerca del puente F. Regueral, sobre el río Pisuerga, y una vez cruzado, estás
prácticamente en el centro, en la plaza de Poniente. Desde la terraza de la casa
de Luis tenemos una espléndida vista, como puedes ver en la imagen, del río Pisuerga, el embarcadero, la playa fluvial y el puente Mayor al fondo.
El origen más probable del nombre de la ciudad sería celta, pueblo que utilizaba el vocablo tol como topónimo.
A éste se
le antepondría el vocablo latino vallis lo que daría lugar a Vallis
Tolitum que derivaría etimológicamente en el gentilicio vallisoletanos
y que originariamente vendría a significar valle de aguas, ya que se
encuentra en la confluencia de los ríos Pisuerga y Esgueva, que antes de su
canalización se extendían por varios ramales. Otra teoría, es que quiera decir
valle del sol o valle soleado (en la edad media era calificada
como Vallisoletum), por la gran cantidad de horas de sol que recibe el valle tanto en invierno como, sobre todo, en verano. Por último, también existe la teoría de Valladolid como contracción de
valle de lid, lugar por su llanura donde se reunían los clanes y tribus
prerromanos para sus enfrentamientos armados.
Aquí puedes
ampliar conocimientos sobre este tema y otros relacionados con la ciudad.
Valladolid es una ciudad con mucho que ver y si te lo puedes permitir, te aconsejo
estar tres días como mínimo. Nosotros, en un solo día, y de la mano de nuestros
primos, vemos lo imprescindible; eso sí, acabamos agotados. Desde aquí quiero
destacar la actitud de nuestro hijo, Paulino, que con sus 16 años, aguantó
estoicamente la tournée al completo. En primer lugar,
vemos la iglesia de San Miguel, en la calle Concepción nº 3, templo de
sencilla apariencia arquitectónica con fachada de dos cuerpos y planta
rectangular, construido en el último cuarto del siglo XVI
bajo el patronato de los Condes de Fuensaldaña y que por fuera no dice
demasiado. Lo mejor, que nos sirve de aperitivo de tanta maravilla escultórica
que veremos durante el día de hoy, lo guarda en el interior. El retablo es de
tipo romanista, como corresponde al primer barroco del siglo XVII, y su factura
se atribuye a Adrián Álvarez, aunque varias de sus tallas fueron sustituidas por
otras de Gregorio Fernández. También tenemos preciosos retablos barrocos en las
capillas laterales, como puedes ver en la imagen de la izquierda, y un magnífico Cristo yacente de,
como no, Gregorio Fernández.
Muy cerca, casi enfrente, en la Plaza de Fabio Nelli, el que fuera famoso banquero
vallisoletano, está el palacio del mismo nombre. Actualmente es la sede
del Museo de Valladolid, creado en 1879 como Museo Provincial de Antigüedades y
al que se le suele conocer como Museo Arqueológico. El edificio es uno de
los mejores exponentes de la arquitectura clasicista vallisoletana de finales
del siglo XV. En su construcción intervienen los arquitectos Juan de la Lastra,
Diego de Praves y Pedro de Mazuecos, así como el escultor Francisco de la Maza a
quien se debe la obra del patio y la escalera (detalle en la imagen de la
derecha). Las colecciones del Museo se distribuyen en dos secciones:
Arqueología (10 salas) y Bellas Artes (8 salas). La sección de Arqueología
muestra una secuencia cronológica completa de la provincia vallisoletana entre
el Paleolítico y la Edad Media. La sección de Bellas Artes ofrece pintura,
escultura, orfebrería, mobiliario, tapices, cerámica popular española y una
pequeña sección dedicada a la historia de la ciudad. Debido a la premura y por
no ser prioritario, solo asomamos la cabeza al precioso patio; otra vez será.
Nuestra próxima parada es la iglesia de San Pablo, en la plaza del mismo nombre.
Es la iglesia del convento dominicano fundado por Doña Violante, esposa de
Alfonso X el Sabio, en 1276. El edificio del convento fue destruido a raíz de la
invasión napoleónica. La construcción de la iglesia gótica fue iniciada en 1463
bajo el patronazgo de Juan de Torquemada. Fray Alonso de Burgos remata las obras
y manda levantar la espléndida fachada-retablo de pura filigrana en estilo
"Reyes Católicos" (foto de la izquierda). El primer tramo de la fachada es obra de
Simón de Colonia, a quien también se deben los hermosos pórticos del crucero en
el interior de la nave. En 1601 el Duque de Lerma adquiere el patronato del
convento con el deseo que sirviera de reposo a sus restos. Levanta el segundo
cuerpo de la fachada según el gusto renacentista del momento, en compartimentos
regulares con un fondo de estrellas. Las esculturas se atribuyen a Pedro de la
Vega, Juan del Río y Juan Rozadilla. El interior con bóveda policromada por
Francisco Martínez, es monumental por su esbeltez. Su riqueza desapareció con la
invasión francesa y la desamortización. Tan sólo queda de mérito una hermosa
talla de Santo Domingo, de Gregorio Fernández y un Cristo yacente del taller del
mismo. Actualmente está en restauración e incluso parte de la fachada está
vallada.
En esta misma plaza, se encuentran otros dos monumentos de los que solo vemos el exterior.
El Palacio Real, en el que Felipe III residió cuando trasladó a
Valladolid la Corte, entre 1601 y 1606, es sede de la Capitanía General desde
1876. La fachada es de gusto clasicista, bien proporcionada. En los laterales se
hicieron añadidos posteriores que la afean. Merece especial atención el patio
principal, renacentista con decoración plateresca y la elegante escalera del
XVIII con los ricos artesonados del XVII. El Palacio de los Pimentel,
actual Sede de la Diputación. Es muy típica la ventana angular plateresca. En el
zaguán existen preciosos azulejos talaveranos que representan escenas históricas
de la ciudad. Elegantes son el patio y los artesonados mudéjares. En este
palacio nace Felipe II el 21 de mayo de 1527. En relación a su bautizo hay una
curiosa historia:
Era tan grande el prestigio de San Pablo que los padres de Felipe II, futuro rey, decidieron bautizarlo allí. Como el palacio pertenecía por distrito a la iglesia de las Angustias, tuvieron que romper la reja de una ventana lateral, que daba a una calle que sí pertenecía a San Pablo, y sacaron al
niño por la ventana. Para la ocasión se construyó un pasadizo de madera, primorosamente adornado con ramaje, flores y frutas naturales, que unía la escalera del palacio con el Altar Mayor de la iglesia accediendo a través de esta ventana. La reja, del siglo XV, quedó practicable para que se pudiera seguir utilizando después. Otra versión, menos verosímil, sitúa el hecho en la famosa ventana angular.
Al lado de San Pablo tenemos el Colegio de San Gregorio, que hasta su cierre
temporal por restauración, en 2001, era la sede del Museo Nacional de Escultura.
Fundado en el siglo XV por Fray Alonso de Burgos, confesor de Isabel la
Católica, es el monumento isabelino más importante de Valladolid. La portada
(detalle en imagen de la derecha) atribuida a Gil de Siloé, es de una riqueza inusitada y
de una decoración desbordante de fantasía; la composición, muy estudiada, realza
el valor del pórtico primero y, en segundo lugar, del soberbio motivo heráldico
que lo corona. Como dije, y a causa de las obras, nos es imposible ver el
precioso patio, con altas galerías de arcos rebajados apoyados en columnas
torsas (fuste en espiral) y con una galería alta, de vanos geminados, que se
realza con una magnífica balaustrada.
El Museo
Nacional de Escultura, se encuentra ubicado actualmente en dos
edificios, ambos en la misma
calle que San Gregorio. Por un lado, la capilla funeraria de Fray Alonso de
Burgos, realizada a finales del siglo XV por Juan de Gaus y Juan de Talavera
para honrar la memoria del fundador de Colegio de San Gregorio, y por otro lado
el Palacio de Villena, del siglo XVI, con un magnífico patio de dos pisos de
arquerías. Vemos en primer lugar este último, donde se encuentra la
mayor parte de la obra. El museo atesora la más importante colección de
imaginaria polícroma castellana, de los siglos XIII al XVIII, única en el mundo. De Alonso
Berruguete, nuestro más genial escultor del XVI, destacan el gran retablo de San
Benito Real y las tallas de San Jerónimo y San Sebastián, entre otras; de
Gregorio Fernández, otro gran imaginero del XVI, el Cristo Yacente, Santa Teresa
de Jesús, el Bautismo de Cristo y la Piedad; de Juan de Juni, el entierro de
Cristo (para mi gusto lo mejor del museo; puedes ver un detalle en la imagen de la izquierda) y Santa Ana; Pompeyo Leoni, Pedro de
Mena, Felipe Vigarny, entre otros, aportan su maestría a este gran museo. En el
otro edificio, la capilla del Colegio de San Gregorio, vemos un interesante
conjunto de piezas entre las que destaca el retablo del convento de la Mejorada
de Olmedo, obra de Alonso Berruguete, la sillería del monasterio de San
Francisco de Valladolid, realizada por Pedro de Sierra en el siglo XVIII, y una
variada representación de escultura funeraria de estilos y tipología diversa.
Como no sacamos fotos ni vídeo debido a los reflejos de la enorme urna de
cristal con la que se hallaba cubierto, se me olvidaba citar el precioso
Belén Napolitano del Museo Nacional de Escultura, una auténtica maravilla. Procede
de la colección madrileña de los hermanos Emilio y Carmelo García de Castro, que
fueron reuniendo durante muchos años figuras y objetos conseguidos en el mercado
nacional e internacional; y fue adquirido en 1996 por el Ministerio de Cultura.
Me he permitido la licencia de escanear las imágenes del folleto que me dieron en el
museo y como creo que vale la pena, transcribo a
continuación el texto del mismo:
Aunque la tradición considera a San Francisco de Asís creador de lo que hoy se conoce con el nombre de Belén, la primera noticia histórica sobre su representación plástica data de comienzos del siglo XIV, cuando el arzobispo de Amalfi,
Amoldo di Cambio, presenta la escena del Nacimiento mediante un conjunto de
figuras de tamaño natural formado por la Virgen, San José, el Niño, la mula y el
buey. A partir de entonces se extiende la tradición de instalar en el interior
de las iglesias esta representación que se irá completando progresivamente con
la incorporación de otros episodios (anuncio a los pastores, adoración de los
Reyes Magos, degollación de los inocentes, etc.). Fue en la segunda mitad del
siglo XVIII cuando en el reino de las Dos Sicilias, la configuración plástica
del Nacimiento alcanzó su momento de máximo esplendor, consiguiendo desbordar el
ámbito de lo religioso para instalarse en la corte y los hogares de la nobleza y
alta burguesía, y adquiriendo una original personalidad que lo distingue de los
de otras regiones italianas o países europeos. El futuro Carlos III de España,
reinando en Nápoles, impulsó la difusión y arraigo de los llamados «presepi»,
continuándola después en aquel reino su hijo Fernando IV y en España el futuro
monarca Carlos IV.
El belén napolitano se distingue por su espectacularidad y riqueza escenográfica conseguidas gracias al concurso de un cúmulo de artistas y artesanos que, con su imaginación y capacidad, lograron reproducir la vida popular y cotidiana como argumentación básica para acompañar el acontecimiento religioso de la Natividad del Niño Jesús.
El mercado, la hostería, los bailes, los vendedores ambulantes, los mendigos, la taberna, el mundo gremial, el pastoreo, el cortejo real y todo aquello que estaba al alcance de la mirada o de la fantasía, tiene cabida en los pesebres napolitanos y se desarrolla al margen del hecho religioso que queda aparentemente relegado, aunque sus figuras protagonistas llaman poderosamente la atención del espectador, como las del coro celestial que se precipita sobre ellos como una catarata angélica.
Las figuras que responden al tamaño denominado "tercina" (de 30 a 35
centímetros, escala que permite obtener detallismo y manejabilidad) son móviles,
al estar hechas mediante un armazón de alambre forrado de estopa en el que se
aplican las extremidades, talladas algunas veces en madera, y la cabeza,
modelada en barro cocido, pudiendo conseguir gran versatilidad de posiciones.
Los artistas únicamente intervenían modelando la cabeza, cuello y pecho ("testinas")
y en contadas ocasiones las figuras se hacían de cuerpo entero ("academias").
La obsesiva búsqueda de la verosimilitud condiciona la policromía de estas piezas, la incorporación de ojos de cristal y hasta el vestirlas con los trajes adecuados en cada caso, estando prevista hasta la posición de sus manos y dedos según el accesorio que cada uno soporta. Pastores con zamarras, gentiles hombres con casacas y chalecos de seda, rústicos, cíngaros,
turcos, camelleros... se revisten todos de acuerdo con su condición social, ofreciendo un riquísimo muestrario de trajes populares o cortesanos que permiten conocer usos, modas y costumbres de la época.
El número indescriptible de accesorios ("finimenti") tales como: instrumentos musicales, armamento, cofres, frutas y hortalizas, los pescados, las vísceras de animales, los quesos, etc., se modelaban o hacían en barro, cera, plata, ébano, marfil, hueso, etc. consiguiendo en ellos un grado de minuciosidad inimaginable que aumentaba la suntuosidad y riqueza de todo el conjunto.
Junto con los distintos personajes o "pastori" las figuras de animales
(bueyes, ovejas, cabras, asnos, caballos, elefantes, galgos, camellos, etc.) son
siempre de una gran perfección formal y constituyen el otro elemento clave del
belén napolitano. En cuanto a la autoría de las obras se sabe que junto a escultores de primera categoría (Vaccaro, San Martino, Botiglieri, Celebrano, etc.) trabajando figuras humanas, animales o accesorios, lo hicieron también numerosos artistas y artesanos cuya personalidad no está suficientemente definida pero que alcanzaron una calidad homogénea y cuyos nombres únicamente se conocen gracias a las pocas ocasiones en las que firmaron sus obras o a las menciones documentales en que aparecen citados.
Al estar situado en la plaza de San Pablo, aprovechamos para echar un vistazo
por fuera y también por dentro, al Instituto Zorrilla, donde la prima María, ya
jubilada, ha desempeñado durante muchísimos años, la generosa labor de la
enseñanza, como Catedrática de
Inglés. A renglón seguido, hacemos un alto en las visitas para llenar el estómago. Los
primos, Luis y María, con la
mejor intención del mundo, nos llevan a comer al restaurante del céntrico Hotel Imperial,
emplazado en la Casa-Palacio de los Gallo, del siglo XVI,
en la calle del Peso nº 4, muy cerca de la plaza Mayor. Siendo el comedor de los
más elegante, es una lástima que el menú, con gran variedad de platos, no esté a
la misma altura. Siento decirlo, pero así como me gusta dejar constancia de los buenos sitios para
comer, también me veo en la obligación moral de hacerlo con los menos buenos y
que sirva de advertencia para el que me lea.
Después de comer damos una vuelta por la Plaza Mayor.
Su fisonomía actual es fruto de la reconstrucción tras el gran incendio
de 1561 que destruyó la zona comercial de la ciudad. Fue el arquitecto Francisco de
Salamanca por orden de Felipe II quien diseñó la primera Plaza Mayor unificada
en fachadas de España, que servirá de modelo a otras posteriores. Juan de Herrera
diseñó el Ayuntamiento, que fue sustituido a principios del siglo XX por el actual
edificio (imagen de la derecha), una obra eclecticista de Enrique Repullés y
Vargas. Este espacio urbano no solo era lugar de mercado sino de todo tipo de
espectáculos públicos como corridas de toros o Autos de Fe. En el centro está la
estatua del conde Ansúrez, fundador de la ciudad. Para armonizarla con otras
plazas castellanas se pintaron las fachadas de un solo color: rojo vigoroso.
Entre otras curiosidades, nos encontramos con el Ayuntamiento engalanado, con
motivo del V centenario de la muerte de Colón en Valladolid, el 20 de mayo de
1496, y con el Concurso Internacional de Esculturas de Arena 2006. En la Galería de Imágenes
puedes ver algunas muestras, así como alguna foto
más de esta bella plaza.
La próxima parada serán laCatedral y el Museo Diocesano. Felipe II encomendó a Herrera hacia el año 1580 el proyecto de una catedral que se construyó con mucha lentitud y cuyo espíritu no
fue respetado por los arquitectos que continuaron las obras en los siglos XVII a XIX, como
podemos ver en la decoración barroca de Alberto Churriguera del cuerpo superior de la fachada y
en el cuerpo octogonal de la torre (imagen de la izquierda). El interior, clásico y grandioso, ha quedado inacabado pero es
quizá la obra más hermosa de Herrera. Las enormes columnas del interior
son imposibles de abrazar ni entre tres personas. En la capilla mayor vemos el
magnífico retablo policromado de Juan de Juni, tallado en 1572 para la iglesia
de Santa María la Antigua y que en 1922 fue trasladado a su actual
emplazamiento. Aprovecha los efectos de la perspectiva y de los diferentes
grados de relieve de tal manera, que las estatuas parecen hablar entre sí.
El Museo Diocesano y Catedralicio se emplaza en los restos
arquitectónicos restaurados de la Catedral vieja, Colegiata medieval, erigida
por el Conde Ansúrez, fundador de Valladolid. Se trata de un conjunto de
capillas funerarias (como la de San Llorente, en la foto), adosadas a la
Colegiata del siglo XIII, modificadas en la reforma del gótico del siglo XIV.
Aquí me ocurrió un incidente con la cámara de vídeo que ya me condicionó el
resto de la visita. El caso es que una cara del DVD, con veintitantos minutos de
vídeo, aparentemente se quedó inutilizada, y la única forma de arreglarlo pasaba
por poner a funcionar la cámara, enchufada a la corriente alterna mediante un
convertidor que por desgracia había dejado en Tenerife. Así que después de
intentarlo de todas las maneras, llegando incluso a estar a punto de formatear
el disco y perder todas las imágenes que había filmado ese día, al final, lo di
por imposible y puse en la cámara otro disco vacío. Te puedes imaginar los
sudores y los nervios que me entraron cuando me apareció en la pantalla de la
cámara la palabra fatídica: formatear. En fin, cosas de la electrónica. Ya de
vuelta en la isla, lo primero que hago nada más llegar, es intentar recuperar
el disco, lo cual consigo sin problemas. Por destacar algo del museo, me quedo con el retablo
de San Juan Bautista, de madera policromada, verdadera joya de la imaginería
vallisoletana.
Lo más antiguo del edificio que alberga la Universidad es la
fachada (detalle en foto de la izquierda), de estilo barroco, construida en 1715
bajo la dirección de Antonio Tomé y sus hijos Narciso y Diego. Actualmente
alberga exclusivamente la Facultad de Derecho y aquí cursó los estudios de esa
disciplina, mi padre, Francisco Alonso Luengo,
entre 1926 y 1930. Sobre esto, me cuenta el primo Luis, que para aminorar los
costes, tanto su padre como el mío, que residían habitualmente en Astorga
(León), solían hacer los dos primeros trimestres por libre y el último en
la facultad. Aparte de la fachada, en el interior vemos el bonito hall de
entrada decorado con magnífica cerámica de Talavera y la majestuosa escalera con
preciosas vidrieras. Parece ser que ya en el siglo XIII existía en Valladolid un
Estudio, germen de lo que había de ser en el siguiente la Universidad, al
otorgar en 1346 el Papa Clemente VI los privilegios de la fundación de la misma
pedidos por Alfonso XI. La Universidad vallisoletana recibió el título de
Pontificia, como simboliza la presencia de la tiara en escudo de la institución.
Del edificio que albergaba en aquella época las dependencias universitarias no
queda el menor vestigio.
Cerca de la Universidad se encuentra el Palacio de Santa Cruz, sede del
Rectorado, cuya fachada es el primer elemento renacentista que se construye en
España a finales del s. XV. Fue mandado construir por el Cardenal Mendoza. En la
elegante fachada armonizan los estilos gótico y renacentista y está coronada por
una gran cornisa de estilo plateresco. En los contrafuertes es fácil observar la
influencia gótica. En la segunda mitad del siglo XVIII los antiguos ventanales
góticos fueron sustituidos por otros neoclásicos, los actuales, diseñados por
Ventura Rodriguez. En el interior podemos ver el patio (imagen de la derecha) de
bellas y amplias proporciones, de estilo renacentista, compuesto de tres pisos
con arcos de medio punto, que se sustentan sobre pilares octogonales. Habría que
destacar la magnífica biblioteca con más de 25.000 volúmenes. Hay
incunables, manuscritos y códices, algunos de extraordinario valor como el libro
titulado Beato de Valcavado, del que es autor Oveco, monje del Monasterio
de Valcavado que vivió en el siglo X. Se trata de un bello códice mozárabe,
primorosamente miniado, del año 970, en cuyo texto se comenta el Apocalipsis de
San Juan.
Sin duda alguna, el símbolo de la ciudad lo constituye la iglesia de SantaMaría de la Antigua, precioso monumento donde se conjugan a la
perfección los dos estilos, románico y gótico. El templo fue fundado en el siglo
XI por el Conde Ansúrez. De esta construcción románica se conserva la bella
torre, rematada por un esbelto chapitel con forma de pirámide, y el pórtico
norte, del siglo XIII. La primitiva iglesia fue sustituida por la actual, de
estilo gótico, en el siglo XIV. La elegante majestad de la torre ha hecho que
sea justamente calificada como "la reina de las torres románicas de Castilla".
Es de base cuadrada y está perfectamente conservada. Consta de cuatro cuerpos,
ocupando el inferior la mitad de la altura de la torre. Los otros tres cuerpos
aparecen perforados por graciosos arcos de medio punto ajimezados. Como
curiosidad, Quevedo alude en su obra El Buscón a la rapidez con que el
cementerio que la rodeaba consumía los cadáveres
Por último, ya de vuelta a casa de los primos, vemos la iglesia del Monasterio
de SanBenito. El monasterio fue fundado por Juan I en el siglo
XIV y la iglesia en en el XV. El pórtico de la iglesia del siglo XVI, proyectado
por Gil de Hontañón, impresiona por su aspecto de fortaleza; el interior,
gótico, albergaba la obra maestra de Berruguete; el retablo mayor y la
considerada mejor sillería plateresca, atribuida a Andrés de Nájera, actualmente
en el Museo Nacional de Escultura, pero conserva la gran reja renacentista que
separa la iglesia en dos partes. La ampliación del Monasterio y la fachada la
realizó Juan del Ribero Rada en el más puro estilo herreriano, que da nombre al
logrado patio procesional.
Valladolid tiene mucho más que ver; esperemos volver algún día para continuar la
visita. Entre tantas otras cosas, podríamos citar: las casas de Colón, Cervantes
y Zorrilla; las iglesias de las Angustias, de la Vera Cruz, de la Magdalena y la
del Salvador; los conventos de las Huelgas Reales, de Santa Ana, de los
Agustinos (también Museo Oriental), de Santa Catalina, de las Carmelitas
Descalzas, de Santa Clara y el de Porta Coeli; los museos de Arte
Contemporáneo Español, el de la Ciencia, y la Fundación Cristóbal Gabarrón.
Como colofón a este día tan largo y agotador, pero provechoso, no puedo pasar
por alto la anécdota que nos ocurrió, ya cuando salíamos de casa de los primos,
para dirigirnos al aparcamiento. Luis, nuestro hijo Paulino y yo, vamos bajando
en el ascensor pequeño, mientras Eva y María esperan al grande. El ascensor hace
una parada intermedia en el sexto piso. Una vecina asoma la cabeza y cuando ve
que el ascensor, que es justito para cuatro personas de peso medio, ya va
cargado con tres, se lo piensa mejor y no entra. Se cierran las puertas pero el
ascensor no continúa su marcha. Por más que le damos al botón del cero,
nada de nada. A Luis le da por hacer cosas rarísimas, dándole a diversos botones
en una secuencia que supuestamente desbloquearía el ascensor, algo así como
6-0-5-1 ¿ciencia ficción? Se me olvidó preguntarle si realmente pensaba que eso
podría arreglar el entuerto. A todo esto, el calor aprieta y la sensación de
agobio es cada vez mayor. Pero ahí no queda la cosa, pues Luis se pone a leer un
cartel que dice que en caso de bloqueo hay que tocar un botón para conectar con
la central de urgencias; increíblemente, en vez de pulsar el botón que está
situado a la derecha del cartel, lo que hace es intentar pulsar el gráfico que
hay en el cartel. Después de un cuarto de hora interminable, y gracias a la
portera, conseguimos salir del ascensor antes de que llegue el ascensorista.
Después del día agotador que habíamos tenido ayer con la visita a Valladolid, decidimos
dejar para mañana viernes la larga caminata por el Canal de Castilla e ir hoy a
Palencia, en plan tranquilo. Siempre fue una ciudad que me gustó, una pequeña
capital de provincias con todas las cosas necesarias a mano. La encuentro algo menos
pueblo que la vez anterior, justamente hace diez años, pero sigue siendo igual
de encantadora. Pocas cosas han cambiado desde entonces, incluso al igual que la
vez anterior, aparcamos el coche muy cerca del centro, y gratis (todo un hito en
los tiempo que corren), al lado del río
Carrión, en la avenida de Santiago Amón,
al que, coincidencias del destino, tuve como profesor de Latín durante buena
parte del bachillerato y del que guardo un gratísimo recuerdo.
Antes de seguir, me parece oportuno citar algunos hechos importantes de la
historia de la ciudad. La información está recopilada de la Web del
Ayuntamiento:
Los orígenes históricos de la ciudad quedan inciertos, pero de lo que sí hay constatación arqueológica es de asentamientos prerromanos en el solar de la ciudad actual, a la que los celtíberos denominaron
Pallantia. El pueblo que la ocupó fue el de los vacceos: culto, agrario y con una poderosa organización militar.
Con los visigodos llegó la etapa de mayor esplendor para la ciudad, pues la constituyeron en sede de la corte, además que desde el siglo IV también era sede episcopal de relieve.
Alfonso VIII, en el siglo XII, fue el más decidido impulsor de la ciudad, al concederle fueros y
el primer concejo libre, y establecer en ella la primera Universidad de España.
Es en el siglo XIV cuando la importancia y el volumen que había ido adquiriendo
la ciudad obligan a la edificación de una catedral capaz de satisfacer las
necesidades de una población pujante. La prosperidad económica del siglo XVI
convirtió a Palencia, junto con las otras provincias castellanas, en el corazón
económico y demográfico del Imperio. Uno de los acontecimientos más beneficiosos
para la vida de la ciudad durante el siglo XVIII fue la construcción del Canal
de Castilla por Carlos III. Las guerras del siglo XX, como la I Guerra Mundial o la Guerra Civil, favorecieron hasta cierto punto el desarrollo económico de la ciudad, cuyas industrias (harinera, lanera y de armas) eran imprescindibles para el abastecimiento de los beligerantes.
Los años siguientes contemplaron cambios urbanísticos profundos en la ciudad, para hoy poder decir que Palencia es una ciudad agradable para vivir y que merece la pena visitar y disfrutar
Aunque solo sea por su calle Mayor y esa preciosa catedral, la bella
desconocida, apelativo que también se puede extender a la ciudad, vale la
pena visitar Palencia. Poco antes de llegar a la calle Mayor, veo un parking
del cual no recuerdo su existencia hace diez años; debe ser de las pocas
cosas que han cambiado desde entonces. Esta calle Mayor, porticada, de
aproximadamente un kilómetro de longitud, no tiene desperdicio en toda su
extensión; cada una de sus casas enamora a la vista. Como dije al principio del
capítulo, la idea es hacer un recorrido en plan tranquilo, sin nada
preconcebido, disfrutando del paseo, sin plantearnos la obligación de ir a ver
tal o cual monumento, y eso es precisamente lo que hacemos.
Después de haber recorrido más o menos la mitad de la calle Mayor, nos
dirigimos lentamente hacía la Catedral,
que aunque ya conocíamos de la vez anterior, siempre vale la pena una visita, y
es que además, esta vez, pudimos ver hasta las mismísimas entrañas. Se trata de
una catedral, que como la ciudad de Palencia, no es precisamente la favorita del
turismo. Probablemente a ello ayuda el aspecto exterior austero y poco armonioso
(salvo la preciosa cabecera) y sin una hermosa fachada principal como otras
catedrales españolas. Sin embargo al entrar en ella nos percatamos de que se
trata de un enorme y equilibrado edificio medieval con innumerables encantos
entre los que destacan un gran número de obras de arte de distintos momentos y
estilos, algunas de las cuales constituyen piezas únicas, ejemplares
imprescindibles del tiempo en que fueron creadas.
Bajo el subsuelo del actual
edificio de la catedral se esconden los restos de dos construcciones que
constituyen lo que se conoce como la Cripta de San Antolín, una, al fondo
de la cripta,
corresponde a la época visigoda, y la otra al primer románico. La tradición
atribuye la construcción de la parte visigótica al rey Warnba, de quien se dice
que trajo las reliquias del mártir francés Antolín a Palencia. El conjunto de
esta parte de la cripta presenta todos los elementos arquitectónicos y
decorativos del arte hispanovisigodo de la segunda mitad del siglo VII: arcos de
herradura, capiteles con esquemáticas hojas, e impostas decoradas con frisos
geométricos (detalle en la imagen de la izquierda). La otra parte de la cripta se realiza en
la primera mitad del siglo XI y está considerada como la más antigua del románico hispánico. Su
construcción se atribuye al rey Sancho de Navarra que repuebla la ciudad y
reorganiza la diócesis. A comienzos del siglo XIV comienza la
construcción del edificio gótico cuyo
modelo de referencia será la catedral de Burgos que estaba dejando sentir su
influjo sobre todo el territorio de los reinos castellanos. La
construcción se acaba el siglo XVI, con la sala capitular y el claustro, obra en
la que interviene el maestro Juan Gil de Ontañón, y que actualmente albergan el
museo Catedralicio.
El interior de la Catedral tiene planta de cruz latina, aunque la ampliación del
proyecto original en una segunda fase determinó la inclusión de un segundo
crucero, por lo que el templo cuenta con cinco puertas. De entre ellas, la
llamada de la Virgen o del Obispo es la más profusamente decorada (imagen de la
derecha). Situada en el Crucero, se abre a la Plaza de la Inmaculada y es la más
utilizada en las principales festividades y acontecimientos. La Catedral fue
financiada en parte por sus propias rentas, y en parte por las donaciones de los
obispos, clérigos y otras personas, algunas de las cuales compraron así su
derecho a ser allí enterradas. Este fue el caso de Doña Inés de Osorio, cuya
muerte acaeció a finales del siguió XV, siendo enterrada en uno de los laterales
de la Capilla del Sagrario.
Todo el templo está enriquecido con importantes obras de pintura y escultura. Por sólo citar algunas, cuenta con una Virgen románica del siglo XIII en el retablo plateresco de la Capilla del Sagrario
(imagen de la izquierda), tallas de Felipe Vigarny y Juan de Valmaseda, pinturas de Juan de Flandes y un Cristo gótico del siglo XIII conocido como el
Cristo de lasBatallas. El coro tiene una meritoria sillería del
siglo XV y un órgano barroco. Se encuentra cerrado por una reja realizada por
Gaspar Rodríguez en 1571 y sus laterales son obra de Diego de Siloé. El trascoro
es todo un ejemplo de arte plateresco en piedra, realzado, además, por el
tríptico de Los Dolores de la Virgen, encargado en Flandes por el obispo
Fonseca al pintor Jan Joest Kalcar, uno de los mejores ejemplos del dramatismo y
uso del color de la pintura flamenca que se puede ver en nuestro país.
Terminada la visita a la Catedral, dirigimos nuestros pasos de nuevo hacia la calle Mayor,
para acabar de recorrerla. Esta calle empieza a adquirir importancia en el siglo XVI, cuando se instalan en ella la mayor parte de los artesanos, con sus
talleres y comercios en la planta baja y las viviendas en la superior. Esto
supone que las edificaciones en general no superan las dos o tres plantas. La
calle Mayor sigue siendo el centro de la actividad comercial de la ciudad y el
eje a partir del cual se organizan otras actividades administrativas y
culturales. Allí, a la altura del plaza Mayor, se encuentra otro magnífico
edificio (imagen de la derecha), el Colegio de Villandrando, de
principios del siglo XX, proyectado por el arquitecto Jerónimo Arroyo. La
fachada de estilo gótico está presidida por un mosaico de Daniel de Zuloaga, que
representa el patronazgo de la Vizcondesa de Villandrando y fue restaurado en
1994 por el ceramista palentino Gerardo Pescador. Otros elementos destacados de
la fachada son los capiteles de las columnas, decorados con alegorías de las
tres virtudes teologales.
La plaza Mayor de Palencia no tiene, ni mucho menos, la grandiosidad de las de Valladolid o Salamanca,
pero, como toda la ciudad, tiene ese aire pueblerino, en el buen sentido de la
palabra, que la hace tan acogedora.
Construida en el siglo XVII como lugar para festejos públicos y mercado de la
ciudad, cumplió esa función oficialmente hasta el siglo XIX, aunque sigue
manteniéndola en algunos aspectos hoy en día. Es un espacio rectangular con
entradas por las cuatro esquinas, limitado por tres hileras de casas uniformes,
con soportales sostenidos por pilares de piedra, y presidida por un edificio
neoclásico de finales del siglo XIX: la Casa Consistorial (imagen de la
izquierda). En el centro está el monumento que Victorio Macho realizó como
homenaje a Alonso Berruguete. Fue realizado en 1963 para conmemorar el cuarto
centenario de la muerte del escultor palentino. Es uno de los lugares con mas
vida de la ciudad. Los días festivos por la mañana se colocan entre las
columnas vendedores ambulantes formando un animado mercadillo.
La mañana en Palencia no da para más. Insisto, de nuevo, en que lo de ayer de
Valladolid nos dejó saturados. Nos quedan por ver importantes monumentos como la iglesia de San Miguel,
el monasterio de Las Claras o el convento de San Francisco, por citar solo algunos;
estoy seguro de que tendremos ocasión de volver por tercera vez y disfrutar aun
más a fondo de esta bella ciudad. La hora de comer se acerca y se plantea un
debate familiar en el cual salgo perdiendo. Yo, que en un primer momento había comentado de ir a comer
a Villamartín de Campos, a un restaurante especializado en la gastronomía del pato, a
última hora me echo atrás pues me da el presentimiento de que la cosa no va a
funcionar, como así fue. Después de mil vicisitudes, al estar en obras la salida
de Palencia para tomar la N-610 en dirección León (aviso a navegantes),
llegamos al restaurante, que está dentro de la Posada deCampos,
un alojamiento rural donde también alquilan caballos. No se ve a nadie por allí,
pero si que leemos claramente en un cartel, que el restaurante, al mediodía,
solo abre sábados y domingos. Como, a pesar de la gripe aviar y todas esas
chorradas, la propuesta parece interesante,
aquí tienes más
información, incluido el teléfono. En el pueblo solo hay otro restaurante que no
nos convence, así que decidimos repetir en El Zamorano. Eso sí, los 30
kilómetros que nos separan de Dueñas, los hacemos por carreteras locales
solitarias y mucho más amigables.
La tarde, la pasamos tranquilamente disfrutando de la casa y en mi caso particular
del maravilloso jardín y porche; no me cansaré de ensalzar las buenas
sensaciones (good feeling que diría un anglosajón) que me producía todo
este entorno lleno de decenas de pájaros, gorjeando a todas horas. Sobre las
ocho de la tarde, cogemos el coche para ir de nuevo a La Trapa. La idea
es asistir al Oficio de Completas con el canto de la Salve Regina.
Para ponernos en ambiente, se me ha ocurrido introducir el texto en latín, con
su correspondiente traducción al español. También puedes escuchar, opcionalmente, el sonido de esta preciosa antífona,
uno de los mejores exponentes del canto gregoriano, y escoger entre el
Modo 1-Tonus solemnis y el Modo 5-Tonus simplex.
Este último era precisamente el modo que yo recordaba haber entonado tantas veces en
aquellas inolvidables sabatinas del colegio Alameda de Osuna, en Madrid,
así que me quedo un tanto perplejo cuando comienzo a escuchar la versión que
interpretan los monjes; eso sí, la letra es la misma.
Salve, Regina, Mater misericordiae:
Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii Evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia, ergo, Advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.
O Clemens: O pia: O dulcis Virgo Maria.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida y dulzura, esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima!,¡oh piadosa!, oh dulce Virgen María!
Esta vez, la reja que, dentro de la iglesia, se interpone entre los asistentes
al oficio y el coro donde se sitúan los monjes, no se abre. Al poco de sentarnos
en la primera fila de bancos por detrás de la reja, entran cuatro hombres,
sin hábitos, que se sientan dos o tres filas por delante de nosotros pero al
otro lado de la reja. Interiormente me pregunto de dónde vendrán y si están
alojados en el monasterio, pues se les ve muy devotos. Por fin, con un poco de
retraso sobre la hora prevista (20.45), llegan los monjes, y la iglesia continúa
casi a oscuras; nada que ver con la misa a la que asistimos cuatro días atrás. El
ambiente es de un recogimiento inenarrable y cuando comienzan a cantar la
Salve, me siento transportado a ¿otro mundo? En fin, que salimos de allí
pero que muy reconfortados. Mi consejo es que si vas por Dueñas y aunque no seas
creyente, no dejes de asistir en La Trapa a alguno de los oficios;
te aseguro que no te arrepentirás.
Ya está acabando nuestra estancia en Dueñas y
todavía no hemos hecho el recorrido por el Canal de Castilla, uno de
los motivos principales de haber escogido este lugar como centro de operaciones.
Quizás por temor a la longitud del trayecto previsto, lo hemos ido retrasando hasta el
último día, y además, nuestra afición al senderismo es relativamente reciente,
de un par de años para acá; en fin, que nos podemos considerar casi unos
novatos. Salimos de casa no todo lo temprano que yo hubiese querido y eso lo
vamos a pagar después. El acceso al camino que recorre el canal, está muy cerca
de la casa, justo por debajo del puente de Las Candelas, el que cruza la
autovía, donde está ese
gigantesco botijo que puedes ver en la foto. Curiosamente a la gente de por aquí,
se les conoce como botijeros y precisamentede la Web del ayuntamiento de
Dueñas, he sacado esta curiosa historia:
Arturo Caballero Bastardo y Fernando Caballero Chacón en el "Libro de Dueñas"
(Ed. Caja Palencia, 1987), reseñan que el argumento de un drama que escribió un
poeta de la corte de Fernando el Católico, viudo de la Reina Isabel, para
celebrar sus esponsales con Germana de Fois, que se celebraron en el Palacio de
los Buendía en Dueñas (1506), cuenta "el asalto y destrucción del Castillo, en
poder de los moros, por los habitantes y vasallos a botijazos, sin que quedara
piedra sobre piedra".
La crónica ha dado lugar a que se conozca a los habitantes de la localidad
por "Botijeros", sin que ello suponga ofensa o menosprecio, incluso hay lugares
de la localidad que hacen honor a tal sobrenombre con un monumento al Botijo,
ubicado en la hermosa Plaza del Doctor Sinova y modernamente se ha instalado
otro botijo alegórico junto a la Autovía de Castilla.
Las referencias al botijo en la vida cotidiana de los habitantes de Dueñas se
han convertido en una "seña de identidad" que se ha enraizado popularmente. Las
Fiestas Mayores de agosto se denominan "Botijeras"; cuando se divulga
turísticamente algún aspecto característico se le acompaña con el
"botijero/botijera" que le identifica como propio de la localidad y el mayor
galardón de las Justas Poéticas es un "Botijo de Oro".
Situándonos a la derecha del botijo, bajamos por debajo del puente y tomamos el camino
que va por la derecha del canal en dirección Palencia. La idea es hacer en
total unos 15 o 20 kilómetros entre la ida y la vuelta. Quizás, lo mejor hubiera
sido llegar hasta Palencia, que más o menos está a esa distancia, y haber vuelto
en autobús, pero preferimos que el viejo Dexter nos acompañe y disfrutar todos
juntos de la caminata. Si en los aviones te dejan llevar perros pequeños, de
hasta 6 kilos, en cabina ¿por qué no ocurre lo mismo con el transporte
terrestre? No lo entiendo. Si va dentro del transportín y sin molestar a
nadie ¿cuál es el problema? Te aseguro que en cualquier transporte público,
puedes encontrarte con humanos bastante más animales, en cuanto a comportamiento
e higiene, que la gran mayoría de los canes.
Buena parte del camino discurre por entre mucha
vegetación y con árboles, lo cual se agradece porque el día es de lo más caluroso, pero
hay tramos en los que las sombra brilla por su ausencia y el pobre Dexter va de
lo más apurado, casi siempre por delante de nosotros, buscando la próxima zona
umbría; si amplias la foto de la izquierda, podrás constatar lo que digo. Nos
cruzamos con algunos ciclistas y, curiosamente, a los más jóvenes parece ser que
les cuesta mucho saludar. También hay algunos corredores de fondo, y uno
de ellos, que ya pasa de los sesenta, se le ve un portento del atletismo;
qué velocidad y con esos calores. La primera vez le encontramos de frente, yendo
en dirección a Dueñas, y al cabo de un buen rato escuchamos una voz por detrás
de nosotros, que por lo inesperada nos da un buen susto, pidiéndonos paso. No
podían faltar los dos viejetes que vienen de coger cangrejos, con uno o
dos cubos, no recuerdo bien, llenos hasta arriba. Eso sí, cangrejo rojo americano,
pues el producto nacional está de capa caída. En esta
página he
encontrado algo interesante sobre el tema:
Nuestras poblaciones de cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes) han sufrido, desde que en 1974 se introdujo en Doñana el cangrejo rojo americano (Procambarus clarki) en la Península, un vertiginoso declive, que le ha hecho desaparecer de la inmensa mayoría de su área de distribución. La afanomicosis, una enfermedad producida por un hongo, ataca de muerte a nuestros cangrejos de "patas blancas". Desde 1974, el cangrejo rojo ha ido colonizando todos los ríos peninsulares (ayudados por pescadores poco previsores). Estos cangrejos son inmunes a la enfermedad, pero se la contagian al sensible cangrejo autóctono, que muere en cuanto aparecen "los americanos". El resultado de la extinción local del cangrejo autóctono es ecológicamente fatal; éste se alimenta de detritus y contribuye a mantener limpio el medio acuático y evita la contaminación orgánica (eutrofización). El cangrejo rojo, por el contrario, arrasa con todo ser viviente (huevos, alevines, renacuajos, algas etc.) empobreciendo el ecosistema. Además, no hay que olvidar que las cualidades culinarias del sabroso cangrejo autóctono no tienen nada que ver con el insípido cangrejo americano.
Seguimos camino, pasamos las esclusas 38 y 37, alguna de ellas con un buen
desnivel, y después de un largo tramo, con muchísimo calor, llegamos a una zona
del canal con tres esclusas, la 34, 35 y 36, en el Soto de Albúrez, donde
hay mesas para comer, fuente de agua fresca, área para juegos e incluso un bar,
que lo encontramos cerrado, situado en la antigua casa del esclusero;
supongo que abrirá los fines de semana. Dudamos entre parar a comer o
continuar. Al final seguimos uno o dos kilómetros más, y a mitad de camino de la
siguiente esclusa, la 33, situada en Villamuriel de Cerrato, nuestro hijo
Paulino y el viejo Dexter, ya no pueden más, así que decidimos volver a la zona
de las mesas y de la fuente para reponer fuerzas. En esta
página tienes
un mapa para poder hacerte una idea del trayecto, así como en esta
otra.
Escogemos una magnífica mesa
cuadrada de piedra, con una situación estratégica a la sombra de una sauce
llorón y con vistas al
canal (foto de la izquierda), y damos buena cuenta de todas las provisiones,incluido el vino de
Cigales, que milagrosamente todavía se mantiene fresco. El lugar resulta
de lo más paradisiaco y pocas ganas dan de tomar el camino de vuelta. Poco he
escrito hasta ahora sobre el canal en sí, obra por la que siempre tuve auténtica
curiosidad, al igual que aquella idea de obra fantástica, ofrecida por el
ingeniero Juan Bautista Antonelli al rey Felipe II, y que hubiera supuesto
unir Madrid con el mar, a través de Sevilla. Pero conozcamos algo más
sobre el canal y su historia:
La historia de la construcción del Canal es la historia de un Gran Proyecto que
pretendía, en primer lugar, unir Segovia con Santander, crear una red de canales
que facilitara el transporte de grano y de todo tipo de mercancías con el fin de
librar del aislamiento físico y económico a Castilla y León, y, en segundo
lugar, traer agua para regar los siempre sedientos campos. Las obras del
Canal de Castilla se iniciaron en 1753 en Calahorra de Ribas. Después de
continuos parones y numerosas vicisitudes, se terminaron en Medina de Rioseco en
1849. Casi un siglo de trabajo para otro siglo de navegación, pues como vía de
transporte se dejó de utilizar en 1959. Recorre un total de 207 kilómetros con
un desnivel a lo largo de su trazado de 150 metros. Se crearon tres ramales para
conectar Valladolid y Medina de Rioseco con Alar del Rey, al norte de la
provincia de Palencia: Ramal Norte desde Alar del Rey hasta Ribas de Campos, con
75 kms. de recorrido y 24 esclusas, Ramal de Campos desde Ribas de Campos hasta
Medina de Rioseco, en la Provincia de Valladolid, con 7 esclusas, y Ramal Sur,
desde El Serrón hasta la dársena de Valladolid, con 17 esclusas. El transporte
de mercancías se realizaba por medio de barcazas que eran arrastradas por mulas
que iban por los "Caminos de Sirga" los cuales discurrían paralelos a las
márgenes del Canal. Se convirtió así, en la principal arteria del comercio
castellano y palentino, aunque por poco tiempo. A lo largo de toda su ribera y
principalmente al lado de sus esclusas, abundaban las fábricas de harinas
(imagen debajo de este texto) y
molinos. Estas fábricas utilizaban la fuerza motriz producida en las esclusas
para su funcionamiento. La llegada del ferrocarril fue la causa principal de la
decadencia del Canal, que posteriormente se decidió utilizar como canal de
regadío.
Después de un pequeño descanso a la sombra del sauce y de llenar las botellas de
agua fresca de la fuente, emprendemos el camino de vuelta. Como bien dije al
principio del capítulo, por la mañana tendríamos que haber salido bastante antes
con el fin de no coger las horas más fuertes de sol, como así ocurrió. Por si
esto no era suficiente, se nos ocurre tomar el camino que va por la otra ribera
del canal, por la derecha en dirección Dueñas, y que prácticamente adolece de
sombra alguna. Animado por el clarete y por las muchas ganas de llegar, inicio
la marcha a paso ligero, acompañado de las típicas canciones
que se suelen entonar en estos casos. El único que me sigue es el pobre Dexter,
que muy de vez en cuando hace un alto para tomar respiro y aprovechar la sombra
de algún arbusto despistado, hasta que llegamos a la esclusa 37, donde la
antigua fábrica de harinas (imagen de la izquierda). Estamos rendidos, así que
decidimos esperar a que lleguen los demás. El último kilómetro, ya por zona
de arboleda y sombreada, hay que llevar en brazos a Dexter, que cojea
ostensiblemente de una pata; de hecho, tarda un par de días en recuperarse. Al
final, según mis cálculos, han sido unos 15 kilómetros, no creo que mucho más, pero que, debido al
sol y al calor, nos han dejado fundidos.
La tarde la pasamos descansando tranquilamente en la casa, pero el espíritu
viajero que llevo en mi interior, ni siquiera en un día tan ajetreado me deja en paz,
y me recuerda que nos hemos quedado sin ver la iglesia más antigua que se
conserva en España, la basílica visigótica de San Juan Bautista en Baños de
Cerrato (imagen de la derecha y también en la cabecera de esta página).El camino es el mismo que nos lleva a La Trapa,
pero en vez de torcer hacia el monasterio, seguimos hacia Venta de Baños. Una
vez aquí, creo recordar que hay que pasar por debajo de un cruce a distinto
nivel, por donde también pasa el tren, y poco después tienes el cartel indicador
hacia Baños de Cerrato.
El rey visigodo Recesvinto, que, como veremos más adelante, se curó en las aguas
de Baños de Cerrato, construyó el templo en el año 661; la fecha está grabada en
el arco del ábside. Tiene forma de cruz latina con la cabecera al este, planta
rectangular con tres naves, rematadas en capillas rectangulares en la cabecera.
Las naves, con cubierta de madera, están separadas por columnas monolíticas de
mármol de origen romano, con capiteles corintios, que sostienen arcos de
herradura.
Los capiteles tienen decoración floral muy
estilizada en la que ya aparece la hoja alargada y nervada que más tarde se
repetirá en el arte asturiano (imágenes de la izquierda y de la derecha). El edificio basilical visigodo que hoy
contemplamos está construido con gran parte de los restos de un antiguo templo
romano que seguramente se situaba en las proximidades de la actual fuente,
también visigoda, que además suministraba líquido elemento para los baños
romanos (termas) allí existentes y para los Balneos que todavía
sobrevivían en el siglo X y que darían nombre a la villa. Veamos un poco más de
historia, extraída de la Web del
ayuntamiento,
sobre la fuente y el templo:
La tradición asegura que volviendo el rey Recesvinto de "apaciguar" a vascones y
aquitanos de sus constantes sublevaciones y correrías, al pasar por estas
tierras cerrateñas oyó hablar de las excelentes propiedades salutíferas de las
aguas de unos antiguos baños; como el monarca visigodo estuviera aquejado de un
mal nefrítico, se acercó a los mismos y tomó sus aguas; al poco tiempo, su mal
mejoró y sintiéndose agradecido, mandó edificar la conocida basílica y
reconstruir la fuente como baptisterio (imagen de la izquierda), dedicándoselas
a San Juan Bautista y cristianizando, de esta forma, un lugar que hasta entonces
había estado dedicado al culto pagano de las aguas y las fuentes (ninfas). En el
siglo VIII, durante la dominación musulmana, la basílica es parcialmente
destruida y su poblamiento abandonado. A partir del siglo IX Balneos es repoblada, como así lo confirma la necrópolis de repoblación localizada alrededor de la misma. En el siglo XII, Baños y la Basílica pertenecían al patrimonio de la reina Doña Urraca. Posteriormente perteneció a diferentes señoríos, siendo usufructuarios los monjes de San Isidro de Dueñas. La Basílica de San Juan de Baños fue parroquia hasta el siglo XVI, en que se edificó la actual iglesia parroquial de San Martín, pasando a ser ermita en el siglo XVII.
A partir del siglo XVIII, "Baños de Riopisuerga", fue villa de señoría secular perteneciendo al Duque de Noblejas y la Marquesa del Carpio. A mediados del siglo XIX, la ermita de San Juan Bautista, hoy Basílica de San Juan de Baños, se encontraba en estado ruinoso y las aguas de su fuente se seguían utilizando como remedio para algunas dolencias. En 1898, después de ser declarada Monumento Nacional, la Basílica de San Juan de Baños fue restaurada y con posterioridad, en 1966, sería declarada monumento histórico-artístico la "Fuente" próxima a la Basílica. En el año 1860, en plena revolución industrial, fue inaugurado el Ferrocarril del Norte, con todo lo que esto supuso para la antigua villa de Baños, y a la que no tardando superaría en población y desarrollo "La Venta de Baños", actual capitalidad del municipio.
Antes de irnos, damos un pequeño paseo por esta bonita y tranquila población,
nada que ver con la industrial Venta de Baños, ayuntamiento al que pertenece.
Vemos una preciosa casa, de similares características a la que nos estamos
quedando en Dueñas, y que tiene un cartel anunciando que está en venta. La
verdad es que nos atrae cada vez más la idea de comprar una casita en algún
pueblo perdido de la meseta. Cuando volvemos del viaje, llamamos
para informarnos, pero según nos dicen, no es la casa lo que venden sino unos
almacenes o algo parecido.
Y así termino la primera parte de este relato, justo a mitad del viaje,
pues mañana partimos a tierras sorianas, historia que desarrollaré en otra
página aparte; por cierto, cómo me alegro de al fin poder quitar la imagen del
obrero. ¡Ah!, se me olvidaba decirte que en la
Galería de Imágenes, puedes
ver más fotos de algunos de los lugares aquí citados.
El 20 de mayo de 2008 añado este bonito vídeo de YouTube sobre el Canal de
Castilla y desde el cual, pulsando en el menú, podrás tener acceso a más
vídeos sobre el tema.